martes 7 de febrero de 2012

Charles Dickens y un patíbulo para la cohesión social



El 7 de febrero de 1812 nace Charles Dickens en Porstmouth, Inglaterra. Tal día como hoy hace dos siglos nacía un escritor que iba a describir en sus mejores novelas y relatos, sin inquietud panfletaria, la forma de vida real de la locomotora británica en plena era industrial. Por sus textos pasaron huérfanos, ancianos que perdieron lo mejor de sus vidas afrontando condenas injustas, masas populares dando lo peor de sí, y toda clase de miserias humanas.

Hoy nadie considera que sus descripciones relaten la vida en Inglaterra durante ningún periodo de crisis. Al contrario, cualquier libro de historia nos dirá que precisamente durante el tiempo que coincidió con la vida del escritor (plena era Victoriana), los británicos expandían su economía y desarrollaban su sociedad dentro de los parámetros ortodoxos del dogma liberal. La máquina iba como un tiro.

Y sin embargo, frente al delito cometido por un menor en Oliver Twist, el pueblo, en la novela, exigía mano dura. Apenas era comprendida la justicia social más allá de la caridad y el asistencialismo, y la cercanía a niveles extremos de pobreza de la mayoría de la población se asumía como parte de un orden social inevitable. Así lo leímos en Dickens.

Recientemente escuchábamos, esta vez en la España del siglo XXI, dos siglos después del nacimiento de Charles Dickens, a una masa indignada por el resultado del juicio por el asesinato de Marta del Castillo pidiendo un endurecimiento de las penas para los menores. Europa, sumida en una obsesión casi enfermiza por los recortes sociales, planea volver al asistencialismo del siglo XIX porque entiende insostenible el Estado de Bienestar que tanta cohesión y paz social nos ha traído desde el final de la II Guerra Mundial. Olvidan que la paz social tiene un precio. Hace apenas un mes el gobierno Británico anunciaba la retirada de las ayudas para calefacción que reciben las personas con menos recursos en Gran Bretaña, cuya única opción en tierras tan frías será hacer leña de los muebles para mantenerse calientes este invierno. Y mientras la venta de vehículos cae en España en porcentajes que ponen en riesgo miles de empleos, la venta de coches de lujo crece un 8% durante la mal llamada crisis económica. Se cuestiona a los parados que cobran prestación por desempleo, porque dicen que fomenta la pereza, pero los directivos de los bancos que provocaron la crisis financiera de 2008 son tecnócratas que gobiernan ya Grecia e Italia a cara descubierta, y el resto de Europa tras una máscara en forma de prima de riesgo y agencia de calificación. Y el Estado Español ya prepara otra inyección de liquidez para los bancos mientras los Ayuntamientos, la administración más cercana al ciudadano, agonizan y con ellos los servicios y el empleo del que dependen cientos de miles de ciudadanos.

Hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre. Esto no es una crisis, es capitalismo salvaje. Lo que las novelas de Dickens nos recuerdan, sin consignas ni discursos desde principios ideológicos, es que en el capitalismo se vive así.

En “Historia de dos ciudades”, Dickens hace una descripción del “hambre desbordando de las altas casas, agarrada a la mísera ropa tendida en cuerdas y palos” de San Antonio. Cuando describe a las gentes del citado barrio inglés, sugiere el peligro en que se encuentra la paz social a causa de la pobreza, y su expresión en forma de violencia:

                Sin embargo, en la expresión huraña de aquella gente acosada por la penuria había como una feroz intuición de la posibilidad de rebelarse y luchar. Desalentados, huidizos como parecían, no faltaban entre ellos ojos llameantes, ni labios apretados, lívidos de tanto reprimirse, ni frentes contraídas en torvas arrugas que recordaban la soga del patíbulo, objeto de las cavilaciones de aquellos hombres en su doble posibilidad de sufrirla un día o aplicarla al cuello de sus opresores.

No quiero vivir en una sociedad del patíbulo, me toque sufrir o aplicar la soga. Pero la paz social tiene un precio, como nos recuerdan todavía las novelas de Dickens, en las que podemos ver el precio real de la miseria.

domingo 5 de febrero de 2012



La vida es un diálogo del mundo
con nuestra soledad.
Puede ser un abismo de silencio
o el ruido del colapso de todas las promesas.

La tarde se deshoja en el otoño.
Hay un ocre empeñado
en disponer su alfombra en las aceras
al ruido de tus pasos
mientras todos asumen
ese silencio atento que es un murmullo sordo.

Se puede prometer con el silencio

pero la vida cumple
tan sólo en el diálogo del mundo
con nuestra soledad.

Es mentira estar solo.

El mundo que nos habla también es compañero de presidio
en este cuerpo vivo.

sábado 4 de febrero de 2012

Financiación local, democracia y los valores de la izquierda


En el siguiente enlace podéis ver una colaboración mía en el blog de Jóvenes de IU Parla:
Financiación local, democracia y los valores de la izquierda

jueves 26 de enero de 2012

Acuerdo para el empleo y la negociación colectiva

Estos días se ha alcanzado un acuerdo entre sindicatos y patronal en materia laboral. De la información aparecida en los medios, casi toda centrada en la moderación salarial, no está siendo posible, desde mi punto de vista, tener una idea clara del contenido real del acuerdo. Por ejemplo, en materia salarial, el pacto contempla incrementos moderados (que son un hecho con o sin acuerdo porque los trabajadores no están peleando en las empresas subidas salariales sino mantener el puesto de trabajo), pero también introduce contención de los beneficios empresariales y control de precios como parte del mismo paquete, además de otras cuestiones. Es bastante torticero el juego de titulares que esconde deliberadamente una parte del paquete con la consiguiente confusión generada.
En esta entrada haré un repaso al contenido del acuerdo, y dejo para los próximos días una reflexión de carácter más político.

Como valoración general, el acuerdo me merece cinco consideraciones fundamentales:

1.    El acuerdo se enmarca en una situación marcada por el desempleo de casi 5 millones y medio de trabajadores, por lo que tiene como eje central la introducción de medidas alternativas al despido, además de la inversión de una mayor parte del excedente empresarial en reposición y ampliación de plantillas.
2.    Es fruto de un contexto político de hegemonía de la derecha. Obviamente el contenido del acuerdo hubiera sido muy distinto sin la capacidad legislativa que tiene el PP en solitario, y que anunció que ejercería y en qué dirección.
3.    Con la firma del acuerdo, se hace políticamente complicado que el gobierno pueda legislar unilateralmente una reforma laboral de calado sobre los contenidos que ya están fijados en el acuerdo. Aunque es cierto que no lo hace imposible, sobre todo en materias que han quedado fuera del pacto como contratación y despido.
4.    A pesar de la hegemonía política de la derecha en todos los niveles (y siempre que la derecha es hegemónica en lo político se pierden derechos), el acuerdo equilibra en cierta medida las necesidades de las empresas con los derechos de los trabajadores. Como fruto de un contexto de hegemonía de la derecha es lógica la existencia de ciertos desequilibrios, pero ha permitido salvar algunas plazas fundamentales.
5.    En todos los elementos de los acuerdos alcanzados se rompe con la unilateralidad que algunos sectores patronales reivindicaban en la modificación de las condiciones de trabajo o en las posibilidades de descuelgue salarial por ejemplo, optándose por la negociación con la Representación Legal de los trabajadores (RLT) o, en caso de desacuerdo, por la intervención de las Comisiones Paritarias del convenio colectivo o los mecanismos de resolución extrajudicial de conflictos. Así mismo, se desecha la reivindicación patronal de darle prevalencia absoluta al convenio o pacto de empresa, fortaleciéndose, por el contrario, el convenio provincial, y dotando a las Comisiones Paritarias de plenas facultades para resolver en aquellas medidas en las que no haya acuerdo.

Y vistas estas consideraciones previas, lo que ofrezco a continuación es un análisis de cada una de las cuatro materias del acuerdo: rentas, estructura de la negociación colectiva, descuelgues, flexibilidad interna.

 Rentas

El acuerdo en esta materia no se ha reducido a la cuestión salarial, lo cual es positivo. Frente a los intentos patronales de congelación salarial, el acuerdo prevé un incremento salarial moderado, pero también el control de los beneficios empresariales para una mayor inversión del excedente empresarial en reposición y ampliación de plantilla y promover así la generación de empleo. Y se contempla, a su vez, la vigilancia en la evolución de los precios, especialmente de aquellos productos con mayor incidencia en las rentas más bajas. De este modo se rompe el debate sobre moderación salarial como único factor relacionado con la creación de empleo y el poder adquisitivo, añadiendo la contención de los precios y la reinversión de mayores porcentajes del beneficio empresarial.

Estructura de la negociación colectiva

El acuerdo consigue que se desoigan las recomendaciones de los gurús neoliberales, incluido el ministro de Guindos, que orientaban en la línea de la prevalencia del convenio de empresa sobre el sectorial. Lo pactado está muy lejos de establecer esta prevalencia, y deja para el acuerdo de empresa la negociación en materias como jornada laboral, funciones y salario, pero únicamente desarrollando lo ya pactado en el convenio sectorial.  Además, se apuesta por reforzar el convenio provincial, prácticamente marginado después de la reforma aprobada unilateralmente por el gobierno anterior en Junio de 2011.

Descuelgues

Hay dos cuestiones que marcan el sentido del acuerdo en esta materia: los descuelgues serán en todo caso temporales y fruto de una adecuada acreditación de dificultades en la empresa, y deberán ser en todos los casos acordados con la RLT (Comisión Paritaria o sistema extrajudicial si no hay acuerdo con la RLT). Serán los convenios sectoriales los encargados de articular los mecanismo de descuelgue y sus causas, por lo que tampoco es asumida la pretensión patronal de discrecionalidad y unilateralidad por parte del empresario.

Flexibilidad

El acuerdo contempla fórmulas para la flexibilidad en algunas condiciones de trabajo: tiempo y movilidad funcional. Es importante señalar, que una vez más, se establece que debe ser el convenio colectivo el espacio para ordenar el uso flexible de estos elementos en la empresa, como alternativa al despido. La opción de la modificación pactada y temporal de determinadas condiciones de trabajo para evitar que el despido sea la primera opción de las empresas con problemas es, de hecho, una reivindicación sindical desde que empezó la crisis. La condición sindical era que esa modificación estuviese adecuadamente justificada, fuese temporal y negociada. Es el caso en el acuerdo firmado.

En cuanto al tiempo de trabajo, el acuerdo recomienda la fijación de un porcentaje de la jornada anual de distribución flexible, que en ningún caso supondría un aumento del cómputo anual de horas de trabajo. Recomienda un 10% (frente al 15 + 25 extraordinario que proponía la patronal, con posibilidad de imponerlo unilateralmente el empresario, que muy posiblemente hubiera sido decretado por el gobierno si no se alcanza el acuerdo). En cualquier caso, depende de las partes. Puede ser mayor o menor en función lo que se negocie en el convenio colectivo. Se introduce, como en los casos anteriores, la intervención de las Comisiones Paritarias en caso de desacuerdo, y se refuerza el poder contractual del sindicalismo.

La movilidad funcional se establece como medida de flexibilidad frente al despido, pero permite al trabajador adoptar los derechos de la nueva categoría o la anterior, según cual le sea más ventajosa. También es pactado con la RLT o Comisión Paritaria de no haber acuerdo.

Para la flexibilidad salarial, se propone el establecimiento de complementos variables relacionados con la evolución económica o la productividad de la empresa. Deben ser claros en su identificación, y los criterios de flexibilidad debe decidirlos el convenio sectorial, impidiendo así la acción individual del empresario. No obstante, este es posiblemente un punto conflictivo del acuerdo. Es un acercamiento a la postura patronal de ligar salario a productividad, aunque el acuerdo sigue manteniendo el IPC como referencia, lo cual viene a mostrar el carácter equilibrado del acuerdo.

Este es un pequeño resumen de lo acordado. A partir de aquí que cada uno se forje una opinión, que hubiera sido imposible leyendo el tratamiento que están haciendo la mayoría de medios de comunicación que se han centrado únicamente en lo salarial que es, de hecho, aquello con menos posibilidad de negociación, porque la moderación salarial es hoy un hecho como lo es la ley de la gravedad.

martes 17 de enero de 2012

La pelea es la financiación local


Una estimación del sindicato Comisiones Obreras de Madrid apunta que uno de cada tres Ayuntamientos se encuentra en una situación próxima a la suspensión de pagos. La caída del ladrillo a partir del año 2007, y los límites al crédito impuestos por el Ministerio de Hacienda han provocado que, desde ese mismo año, los ingresos de las Corporaciones Locales hayan descendido en un 63%, pero no así las necesidades de servicios públicos y su mantenimiento. Sumamos en 2012 la desaparición del Plan PRISMA en la Comunidad de Madrid, que aportaba una cantidad importante de ingresos a municipios que ahora se ahogan. Parece que la administración más cercana a la ciudadanía esta al borde del abismo, y merece la pena considerar algunas cuestiones:

1.    España tiene un modelo de financiación local claramente insuficiente a la vista de los datos objetivos: del total de gasto de las distintas administraciones, el Estado y la Seguridad Social gastan el 51% de los recursos, las Comunidades Autónomas el 36 y los Ayuntamientos el 13%. Salta a la vista la desproporción si, además, comparamos el gasto entre las distintas administraciones en otros países de la UE: como media, en la zona euro las Corporaciones Locales gastan el 24,8%, países tan centralistas como Francia un 22, por no hablar de Suecia o Finlandia con un gasto de sus Haciendas Locales del 42%.
2.    España es uno de los países europeos con menos deuda pública, un 65%, muy por debajo de Francia o Alemania (aunque viendo los ataques especulativos sobre nuestra deuda nadie lo diría). Y del total de deuda pública del Estado apenas un 6% es responsabilidad de los Ayuntamientos.
3.    En cuanto al déficit, las Corporaciones Locales, a pesar de un ligero aumento desde 2009 se mantienen en un 0,6% (el Estado ronda el 8%).
4.    Las facilidades para la financiación local a través de la venta de suelo y la recalificación de terrenos derivadas de la ley del suelo aprobada el 1999, y que fueron el origen de la burbuja inmobiliaria, han cegado a las administraciones locales, no en su ampliación de servicios públicos reivindicados por una ciudadanía cada vez más consciente de sus necesidades que ha buscado su respuesta en la administración más cercana, sino en su dejadez de cara a exigir en el periodo de bonanza un Pacto Local que garantizase un reparto más equitativo del gasto y suficiencia para las Corporaciones. Y las administraciones superiores, responsables de llevar a cabo esta modificación en la financiación local han actuado con avaricia, acaparando recursos que suponen la asfixia de los Ayuntamientos.
5.    La Constitución Española, en su artículo 142, garantiza la suficiencia económica de las haciendas locales, que “deberán disponer de medios suficientes para el desempeño de las funciones que la ley les atribuye (C.E. Art 142)”.


Tras considerar la situación en base a datos objetivos, salta a la vista el tratamiento injusto dado a las administraciones locales: 13% del total del gasto, aportación de menos de un 6% a la deuda y un déficit del 0,6, y a pesar de esto, una exigencia desproporcionada en ajustes y dificultades para la refinanciación a través del crédito.

No obstante, es necesaria una matización. Si bien es verdad que el modelo de financiación imposibilita en la práctica la viabilidad de los Ayuntamientos, y más aún la salida del agujero en el que muchos de ellos se encuentran por culpa de la crisis, también es cierto que ha habido diferencias de gestión significativas entre unos municipios y otros. La insuficiente financiación local de nuestro modelo no debe impedir la exigencia de responsabilidad sobre los malos gestores, aquellos que utilizaron los recursos de todos para engordar el gasto público con proyectos megalómanos y visuales que nada tenían que ver con necesidades reales de la ciudadanía, o que utilizaron la puerta de entrada al empleo público de manera clientelar. Y debe llevarnos también a la ciudadanía a una reflexión sobre la calidad de nuestro voto y nuestra participación activa en el control de la gestión del gobierno (porque hay pocas vías, pero las hay y muchas veces no las utilizamos).

Y dicho lo anterior, este panorama económico deja tras de sí consecuencias sobre el empleo y la calidad de los servicios públicos que paga siempre la ciudadanía que más lo necesita. Despidos en las Corporaciones o en las contratas, desaparición de programas, recursos de Servicios Sociales, eliminación de órganos de participación bajo la excusa de la contención del gasto, etc.

Frente a lo anterior, el parche y la solución parcial, la atención a los problemas concretos que van surgiendo en servicios, administraciones públicas y contratas, no va a permitirnos una respuesta real. Allí nos perdemos apagando incendios. Los Ayuntamientos en crisis necesitan ayuda. Las administraciones regional y estatal son responsables subsidiarias porque los ciudadanos que vivimos en un municipio cualquiera también lo hacemos en una comunidad y en el Estado Español. En cuanto a la Comunidad de Madrid, debe aportar liquidez para garantizar el pago de nóminas y el mantenimiento de los servicios (tanto los que son prestados de manera directa como los privatizados, porque en ambos están en juego miles de puestos de trabajo y la cobertura de necesidades básicas para una buena parte de la ciudadanía). Y el Estado debe promover una segunda descentralización que haga llegar recursos corrientes para garantizar la suficiencia a largo plazo, impidiendo dependencias odiosas con el ladrillo. Puede hacerse. La Comunidad de Madrid dispone de un fondo de contingencia de más de 2500 millones de euros no asignados a ninguna partida concreta. Puede ponerse a disposición de las administraciones locales mientras desde el estado se descentraliza el gasto hasta equipararlo a la media de la zona euro (25% para las administraciones locales).

Y la responsabilidad de los Ayuntamientos, mientras tanto, al menos los gobernados por las siglas de la izquierda, es no asumir el discurso de la derecha y mucho menos sus actos. La solución no está en el adelgazamiento de la administración por la vía de los despidos. Como ocurre a nivel estatal, se trata de un problema de ingresos y de reactivación de la economía y no de la cantidad o calidad del empleo como factores culpables de la crisis. Tienen que decidir, tanto las corporaciones como el resto de actores sociales, si tratan cada problema de forma aislada o niegan la mayor y se lanza una ofensiva por otra financiación local. No es un camino fácil, pero es el único para Ayuntamientos como Parla y otros en su situación, porque no pueden salir solos del agujero pero pueden llevarse por delante mientras caen irremediablemente en la quiebra la legitimidad de una parte de la izquierda.

sábado 14 de enero de 2012

miércoles 11 de enero de 2012

Cuando el dedo apunta a la luna…



Hay un proverbio chino que dice: “cuando el dedo apunta a la Luna, el tonto mira al dedo”. La derecha política, con el empuje de la derecha económica y los mercados financieros, está en una fase de conquista sin precedentes en Europa desde los años 30 del siglo XX. Nunca desde el fin de su periodo totalitario en Italia, Alemania y España había dispuesto de tanto apoyo para el desmantelamiento de la democracia y los derechos y deberes asociados a ella (democracia no es sólo una forma de organizar la participación). Con la crisis como excusa, y tras un desgaste planificado en los últimos decenios de los valores éticos que sostienen la democracia política (y que tienen que ver con el binomio libertad individual-compromisos colectivos), se ha lanzado a una cruzada que quiere llevarse por delante el modelo de Estado de Bienestar europeo, además del derecho del trabajo. Reformas laborales, ataques continuados a los servicios públicos, el cuestionamiento de la viabilidad del sistema público de pensiones, están teniendo una contestación social silenciada por los medios de comunicación que, en su naturaleza de empresas, tienden a dar exclusivamente una visión patronal del mundo. Y mientras, tratan de generalizar, de manera interesada, la opinión de que los sindicatos han estado parados o son directamente los culpables de la situación económica y política de este país.

Hace unos días escribía López Bulla en su blog que el problema no está en la inmovilidad de unos sindicatos que se han movido, y mucho, en los últimos tres años, sino más bien en el escaso éxito que estas movilizaciones han tenido en términos de evitar completamente las políticas de ajuste. Esto, a su vez, está generando un sentimiento de inutilidad de las herramientas de lucha, y en concreto de las organizaciones sindicales, que la derecha aprovecha para tratar de llegar más lejos (entre otras cosas recortando derechos sindicales porque sabe que no son un factor de movilización social). Sin embargo, ninguna otra organización o movimiento ha obtenido éxitos en este periodo de conquista de la derecha en términos absolutos. Las movilizaciones y acciones de otros movimientos no han pasado de la muestra de rechazo y del éxito en conflictos puntuales, porque al contrario de lo que piensan muchas personas socialmente pasivas (o socialmente pasivas hasta hace unos meses), el cambio social no es fácil.

Por otro lado, las distintas organizaciones y movimientos que componen el tejido social en nuestro país tienen naturalezas distintas, y cada una de acuerdo a su naturaleza tiene una responsabilidad social y un alcance. Exigirle al movimiento sindical en exclusiva la solución a los problemas económicos, o el éxito absoluto frente a los ajustes, es como pedirle cuentas al profesor de tu hijo por una mala receta expedida por el médico. Los sindicatos, organizaciones del ámbito del trabajo, no pueden suplir las carencias en la conquista de espacios por parte de la izquierda política y social. Su naturaleza les da un papel distinto. En su consideración de agentes sociales tienen un alcance y unos límites, y son otro tipo de organizaciones las que tienen la obligación de conquistar los espacios que están más allá de los límites del sindicalismo, porque éste no puede (ni debe, en mi opinión), abarcar todos los espacios. Mientras la derecha disfrute de un periodo de conquista en lo político y social, regodeándose de la debilidad de la izquierda, el movimiento sindical no podrá pasar de una fase de resistencia  (imprescindible para estar en un mejor punto de partida cuando la izquierda política sea capaz de generar las condiciones para nuestra fase de conquista), pero no será capaz de hacer milagros.

Sólo en el último mes, el gobierno, inspirado por los mercados financieros y por las doctrinas neoliberales, ha congelado el salario mínimo, ha subido los impuestos de las rentas del trabajo (manteniendo igual el de sociedades, patrimonio, etc), ha anunciado recortes en la administración pública además de congelaciones salariales, y se prevé que decrete una reforma laboral regresiva en derechos. Sin embargo, circula por la red una convocatoria que no plantea concentraciones en las sedes patronales, de las agencias de calificación, la banca o el partido del gobierno, sino de los sindicatos de clase. En fin… que cuando el dedo apunta a la Luna, el tonto mira al dedo.

domingo 8 de enero de 2012

El niño, junto al mar, mira las olas...


El niño, junto al mar, mira las olas…
no se deciden,
                       vienen
jurándole a la arena lealtad
igual que me prometen tus abismos
no sucumbir al vértigo. La espuma
me traiciona en tus labios.

miércoles 4 de enero de 2012

DIÁLOGOS IV ¿Qué es la libertad?


Facebook es a veces un foro de debates estériles y sin fundamento, que acompañados para algunos de la ventaja del anonimato acaban siendo una olla a presión que no termina por desahogarse nunca del todo. Pero en ocasiones es un espacio donde volcar reflexiones y confrontarlas de manera tranquila con los demás. Omaima se ha acercado a verme mientras mantengo una de estas conversaciones interesantes con algunos amigos en facebook.
- Te veo muy excitado, como cuando te compras el libro de algún poeta que no conoces…
- Siempre me pongo nervioso cuando descubro algo nuevo.
- ¿Por facebook? Todo el mundo habla de la libertad de las redes sociales, pero como mis responsables adultos controlan mi actividad en ellas, no sé a qué se refieren con eso de libertad, ni les veo mucho entretenimiento.
- Pues de libertad precisamente estaba hablando con algunos amigos en este momento, aunque ninguno sabemos muy bien qué significa esa palabra tan bonita, tan peleada a lo largo de la historia y, me parece, tan utilizada interesadamente en algunas ocasiones. Por ejemplo cuando, interesadamente, se utiliza para refunfuñar sobre la educación en el buen uso de las redes sociales, y sus límites.
- Sé que esa pulla iba por mí, pero no voy a picarme… De todos modos… ¿qué es la libertad?
- Pues yo no lo sé, pero si te devuelvo la pregunta nos vamos a quedar peor de lo que estábamos: sin definir la libertad y con un sentimiento amargo de frustración. Así que si te parece podemos buscarle una definición entre los dos.
- Vale. Empiezo yo: libertad es acostarme a la hora que me da la gana, entrar en todas las redes sociales, hablar con quién quiera, ir al instituto sólo cuando me apetezca,  comer sólo la comida que me gusta…
- Ya lo pillo, ya… Libertad es hacer lo que uno quiere en cada momento, ¿no es así? Vivir sin mesura, dice una canción de un grupo de hip hop que les gusta a algunos amigos mios.
- No lo sé… quizás si sólo como lo que me gusta enfermaría y terminaría por no poder hacer nada de lo que quiero, y eso no es libertad.
- Como es habitual nos cuesta menos acercarnos a una definición compleja a través de su opuesto. No sé todavía lo que es la libertad, pero desde luego sé que no es hacer en cada momento lo que a uno le apetece, y mucho menos sin mesura. Por otro lado, comentaban algunos amigos en facebook que libertad es tener capacidad de elegir, confiar en uno mismo y desconfiar del resto, cuestionar de manera crítica a las mayorías, y lo ligan al respeto y al civismo, y sobre todo a la información veraz. Pero otra cosa de la que estoy seguro es de que la definición de libertad no es un aforismo.
- A lo mejor tiene que ver con la política. A mí me suena a política, democracia, cosas así.
- A mi me ha extrañado que ninguno de mis amigos haya ligado la libertad de alguna manera con los derechos, que intuyo que van a tener un papel importante en su definición., sobre todo porque no tienen ningún papel en la definición postmoderna que es errónea. Pero estamos poniendo sobre la mesa demasiadas cosas a la vez. Por un lado, la libertad como cuestión interna, individual; y por otro como cuestión política. Ahora veremos que no siempre han estado los dos elementos sobre el tapete cuando los pensadores han discutido este tema a lo largo de la historia. Así que vamos a hacer un pequeño repaso, si te parece, porque como dijo John Maynard Keynes: “para la emancipación de la mente es imprescindible hacer un estudio de la historia de las opiniones”.
- Y como dijo Dexter Morgan: “vamos por partes”.
- Según Hanna Arendt, la cuestión de la libertad como asunto filosófico aparece de manera más o menos tardía, a partir de la introducción por parte de Pablo y Agustín de Hipona del concepto de libre albedrío en la cultura occidental cristiana. Antes, tanto en Grecia como en Roma la libertad era un concepto del todo político. No se discutía en cuanto a la capacidad del individuo de hacer o no lo que quiere, o en cuanto a la existencia natural de libertad dentro de él, sino en cuanto a las relaciones entre los individuos y la polis.
- Sin embargo en el cristianismo el lirbre albedrío  es una cuestión fundamental, igual que en el Islam. Por eso dios puede juzgar a las personas, porque son responsables de sus actos.
- Antes también podían ser juzgados, pero en función de la incompatibilidad de sus actos con la buena marcha de la polis.
- Es decir, que antes la libertad estaba fuera y ahora dentro de la persona. A partir del cristianismo se convierte en una parte del reino del pensamiento. Una especie de libertad interior.
- De alguna manera es así. A partir de Agustín de Hipona la libertad es una capacidad interna del individuo, que está unida a él de forma natural y en cualquier momento, pero yo no estoy de acuerdo. Me veo más cerca de la definición griega porque liga la libertad a la acción. Y también le daban un valor intrínseco y natural, aunque de manera distinta, otros filósofos como John Locke, que no es un personaje de la serie Perdidos:

La libertad natural del hombre debe hallarse por fuera de todo poder superior en la tierra, y no sujeta a la autoridad legislativa del hombre, sino sólo observar la ley de la naturaleza para ejercer su regla.

- Es decir, que sentada en el sillón sin hacer nada, según Agustín de Hipona sería libre porque mi libre albedrío es inseparable de mí; pero según opinas tú, sentada en el sillón yo no soy libre. Según la visión de Hipona, soy libre incluso estando en la cárcel.
- Hanna Arendt lo dice tajantemente: “La raison d’etre de la política es la libertad, y el campo en el que se aplica es la acción”. Creo que la libertad no es una cuestión metafísica, ligada a las esencias del ser humano y alojada en las profundidades de su mundo interior. Desde mi punto de vista la libertad es más un término adjetivo que sustantivo. Tiene más sentido libre que libertad.
- Pero para que exista el término adjetivo libre debe existir un término sustantivo en acción, ¿no es así? Debe haber personas (sustantivo) libres (adjetivo), pensamientos (sustantivo) libres (adjetivo), acciones libres, etc. Por eso no existe la libertad del sofá. Sin embargo, de este modo la libertad parece una obligación, como cuando Rousseau decía que había que obligar a los hombres a ser libres.
- Has dicho algo muy interesante. Has usado la palabra obligación.
- Creo que es una de las palabras que menos me gustan… a mí y a la sociedad entera.
- Nuestra sociedad vive en lo que Lipovetsky llama el crepúsculo del deber. Aunque deber y obligación no son lo mismo. De hecho, el deber es un tipo de obligación.
- La gente está harta de tiranías, dictaduras, códigos morales impuestos por la religión o los gobiernos. Creo que el deber tiene una mala fama merecida.
- Probablemente su mala fama es merecida si atendemos a la historia del deber. Las sociedades humanas han hecho un viaje muy largo para llegar hasta la democracia, y todavía queda mucho por hacer. Pero a mí me parece que recuperar el deber es fundamental para llegar hasta otro concepto central de la libertad que es el de derecho. De todos modos, nos estamos adelantando un poco. Hay algunas cuestiones que ver antes de eso. Por ejemplo, por zanjar la referencia a Hanna Arendt, no estoy del todo de acuerdo en que el marco en el que la libertad actúa sea el político. Más bien creo que el nivel en el que tiene sentido la libertad en primer lugar es la ética.
- Siempre terminamos en lo mismo. También dijimos que la principal función del sistema educativo debe ser ética, porque esa es la principal función de la inteligencia: dirigir nuestro comportamiento.
- Ya conoces a José Antonio Marina, uno de los filósofos que más me han influido. El define la ética con una metáfora relacionada con el mar. Al igual que a Séneca, las imágenes del mar y de la navegación le fascinan. Dice que los temas de los que trata la ética son tres:

Cómo mantenerse a flote, cómo construir una embarcación y gobernarla, y como dirigirse a puerto. Sobrevivir, navegar y elegir rumbo son los decisivos niveles éticos.
 
Y en mi opinión, en ese nivel ético vive el ser humano, no por una elección individual y voluntaria, sino por su propia naturaleza. La supervivencia, nuestra identidad, proyectos y relaciones con los demás, y la dirección de nuestras acciones a buen puerto son la constante de la vida humana. Por eso la ética no es una disciplina que decidamos estudiar algunos frikies a los que nos gusta comernos la cabeza, sino el terreno en el que se desarrolla la vida de todas las personas y en el que está en juego su felicidad, sean o no conscientes de ello.
- Es decir, que yo vivo en el nivel ético quiera o no quiera.
- Que yo sepa no vives bajo las leyes de la selva.
- Tú no conoces mi instituto… pero en fin… te entiendo. En mi instituto muchas carencias tienen que ver con la falta de ética. Cuando ésta falla entra la selva. Es como volver a las cavernas.
- Creo que a partir de la definición ética de libertad puede construirse el resto de niveles, ya que es en el nivel ético en el que el ser humano se juega la supervivencia. El nivel político viene después, ya que soy de la misma opinión que Aristóteles.
- De eso hemos hablado otras veces. Aristóteles considera la ética una herramienta para la felicidad personal, y la política para la felicidad pública. Es decir, la política es algo así como la ética en plural.
- Y no tiene sentido el plural sin los singulares. Sería como tener gente sin personas.
- ¿Y no tiene nada que ver con la libertad la libertad de elegir?
- Que la libertad de elección sea la definición de libertad plantea un problema tautológico. Hemos incluido el término que queremos definir, libertad,  en la propia definición. Desde luego hay elecciones (sustantivo) libres (adjetivo), y esto encaja con los rasgos que le hemos ido dando antes a nuestra definición de libertad. Podemos estudiar qué rasgos tiene a su vez una elección libre, pero eso me parece un tema de estudio posterior, porque dependerán de la definición de libertad que encontremos. En cualquier caso, la libertad de elección no puede ser la definición de libertad porque nos encierra en un bucle teórico por culpa de su tautología.
- Creo que necesito un resumen de lo que hemos hablado antes de continuar. La libertad ha sido planteada históricamente como un problema político e individual, como algo social o inherente al ser humano. Sin embargo, parece que el nivel previo debería ser ético, es decir, es social pero no se da primero en la política. Por otro lado, no consiste en hacer cada uno lo que quiere en todo momento, pero… ¿no está nuestra sociedad muy vinculada a la idea inmanente de libertad? ¿Y no está, además, en nuestra sociedad muy definida la libertad en función de la gratificación inmediata, en el “haz lo que te apetece sin mesura”?
- Las definiciones descafeinadas de libertad, aquellas que tienen que ver con el “haz lo que quieras” se han vestido con trajes muy diversos en la actualidad, y pretenden imponerse por varias razones. La primera y fundamental es que sólo desde esa definición de libertad como algo inmanente puede esconderse la desigualdad real en el acceso a determinados bienes, a la vez que se incentiva un consumo desenfrenado. Haz lo que quieras y cuando quieras significa compra lo que quieras cuando quieras.
- ¿Y si no tengo el mismo dinero que otro para comprarlo?
- No pasa nada por dos razones. La primera es que como la libertad es inherente al ser humano y está dentro de ti sigues siendo libre (hasta en la cárcel, ¿recuerdas?). Y la segunda es que lo que está en juego cuando hablamos del acceso a los recursos es la igualdad. Desde un punto de vista liberal esa desigualdad no invalida la definición de libertad, pero sobre la igualdad hablamos mejor en otro momento.
- Pero entonces la libertad parece una trampa.
- La definición liberal de libertad es el siguiente paso en la historia de las opiniones por el que tenemos que pasar. Y por suerte para ti es simple, así que no voy a darte mucho la chapa, aunque por desgracia para todos es erróneo.
- Pero nosotros vivimos en estados liberales. ¿Nuestra sociedad vive bajo una definición errónea de libertad?
- Nuestra sociedad es postmoderna, que es el paso siguiente, aunque está muy influida por el liberalismo. Pero vamos por partes…
- … como Dexter…
- La definición liberal de libertad trasciende la concepción puramente inmanente, pero es un tanto ingenua. Básicamente definen la libertad como una ausencia de obstáculos externos en la búsqueda de la felicidad. A partir de aquí, cualquier injerencia es considerada una tiranía. Además, presupone para todo el mundo el mismo punto de partida, y esto cuando hablamos de sociedades humanas es una utopía. En todo grupo humano existen relaciones de poder, y suelen estar desequilibradas. Suponer que la simple ausencia de obstáculos proporciona libertad a todos es sencillamente un cuento chino. Por otro lado proponen algo interesante y que matiza en algo la definición anterior. En las sociedades liberales el concepto de contrato social tiene mucho valor y, aunque se equivoquen al suponer que ambas partes de un contrato parten en igualdad, me parece que en el establecimiento de compromisos (sustantivo) libres (adjetivo) puede haber algo interesante.
- Como cuando compro un billete de tren y el maquinista me lleva a la Puerta del Sol. Yo no soy libre si él no cumple su parte del trato.
- Exacto. Pero no sólo te lleva el maquinista, porque detrás del sistema de transporte ferroviario estamos la sociedad entera.
- Creo que esta definición completa bastante mi resumen. La libertad no puede consistir en la simple ausencia de obstáculos, y tiene que incluir compromisos libres. Esto invalida la idea del “haz lo que quieras”. Nuestra profesora de historia nos ha contado que los romanos ya distinguían entre derechos de crédito y derechos de compromiso. Los primeros se disfrutaban con la sola ausencia de impedimentos, pero para disfrutar los segundos necesitabas de la acción de otro. ¿No hay libertad fuera de la sociedad?
- Parece que no, o tendríamos que volver a la definición Agustina de libertad como algo interior e inherente al ser humano. Por lo que puedo deducir llegados a este punto, la libertad parece ser más una construcción que algo que nos viene dado.
- Bueno, pues sólo nos falta la idea postmoderna de libertad, ¿no?
- Creo que sí… pero como esta definición es la que maneja de forma generalizada la sociedad de hoy, te dejo que la describas tú.
- En parte creo que la mayoría de la gente asume la libertad de la manera Agustina, como algo que está en nuestro interior, y por supuesto al margen de los compromisos, que son cadenas inaceptables. Es curioso que nuestra sociedad asuma valores de Agustín de Hipona, cuando hace siglos que está pasado de moda.
- En realidad no está nada pasado de moda. ¿Qué país consideras que tiene más influencia cultural en este momento en todo el mundo?
- Estados Unidos…
- Y ya sabes que Estados Unidos fue fundado por una comunidad de protestantes, ¿no?
- Sí, pero el protestantismo es bastante más moderno que San Agustín.
- En cierto modo sí, pero no del todo. ¿Quién fundó el protestantismo?
-Lutero
- ¿Y no sabías que Lutero era un monje agustino? No es tan raro que a través de los medios de difusión de la cultura, y de Holywood en particular, el país más influyente, a la sazón de origen Luterano, siendo Lutero un monje agustino, transmita valores cercanos a San Agustín.
- Esto me huele a la chapa imposible que me diste sobre Descartes cuando vimos Matrix… mejor sigo con el resumen: Por otro lado, la sociedad actual está muy ligada a la idea de libertad como ausencia de cadenas, como un “haz lo que quieras” que encaja muy bien con las necesidades de consumo desenfrenado de nuestro sistema económico. Y además, de este modo, al considerar la libertad como algo abstracto, casi metafísico, en vez de cómo el resultado de una construcción humana, se justifica la desigualdad. Si soy libre por definición, porque lo llevo dentro, no puedo exigirle cuentas a nadie ante las tiranías que plantea la desigualdad de acceso a los derechos.
- Creo que ahora si podemos retomar algo que dejamos antes. No he podido evitar desde el principio la intuición de que los derechos tendrían un papel central en la definición de libertad. Y creo que lo he intuido de la manera más sencilla, que suele ser fijarte en lo que no es libertad. Creo que nuestra sociedad no es libre en su sentido más amplio. Y eso me hace sospechar que aquellas cosas que considera cadenas, como las obligaciones y deberes, o que simplemente no considera en su definición de libertad, como los derechos, pueden tener un papel en la definición de libertad. No por un afán de nadar contracorriente, sino porque sinceramente pienso que en la mala definición del derecho y el deber está la clave del asunto.
- Aunque es comprensible que después de los totalitarismos del siglo XX la sociedad esté cansada de las filosofías del deber.
- Sin duda, pero desligarte del deber no te libera. Por el contrario te esclaviza aún más, pero para entenderlo hay que saber cuál es el origen del deber y por qué debe ser cumplido.
- Esa es una cuestión interesante. ¿Por qué debo hacer lo que debo? ¿Por qué tengo que cumplir con mis obligaciones?
- La ob-ligación es una acción que te liga a un fin determinado. Son las cosas que tienes que hacer para alcanzar un resultado deseado. Por ejemplo, si quieres aprobar un examen el lunes, tu obligación es estudiar el fin de semana. No son una imposición, sino el vehículo para alcanzar tu objetivo de aprobar el lunes. Si quieres el fin tienes que poner en marcha los medios necesarios, y eso es a lo que llamamos obligación.
- Es decir, viene primero el fin y a partir de él las obligaciones. Pero, ¿y si no quiero aprobar el examen pero me obligan?
- Menos mal que hemos definido la libertad como un término adjetivo. Lo fundamental es que el fin marcado sea libre. Y esta me parece la clave de la definición. Yo quiero encadenarme a las obligaciones derivadas de mis objetivos libres, porque ahí está mi libertad ¿Qué quieres hacer cuando termines el instituto?
- Quiero estudiar medicina.
- ¿Consideras que estudiar medicina es un objetivo (sustantivo) libre (adjetivo) que tú te marcas?
- Absolutamente libre.
- Entonces, si tienes un examen el lunes pero te apetece salir el fin de semana, ¿eres libre haciendo lo que te apetece o quedándote a estudiar en casa?
- Desde luego soy más libre sacrificándome y quedándome en casa. Sólo así puedo alcanzar el objetivo libre que me he marcado. Pero suena contradictorio que la libertad consista en encadenarte.
- Suena contradictorio porque es una definición contracorriente, totalmente divergente del modelo útil para el consumismo, porque implica, por ejemplo, ahorrar en vez de gastar, o renunciar a gratificaciones inmediatas para una gratificación posterior. Además, al ser una definición que adjetiva, entran en juego cuestiones que tienen que ver con la igualdad real en el acceso a los recursos.
- Con mi poder adquisitivo nunca podré estudiar medicina sin un buen sistema educativo público.
- Eso es porque el derecho a la educación, como todos los demás, son lo que los romanos llamaban derechos de compromiso. Y eso nos pone en la clave de establecer esos compromisos (sustantivo) libres (adjetivo), y de valorar el acceso real a los derechos para hablar de libertad, lo cual a veces significa de la acción (deber) de otros.
- Y esos compromisos tendrán obligaciones.
- Tendrán deberes.
-¿Qué diferencia hay?
- Las obligaciones son las acciones que hay que poner en marcha para alcanzar fines. Los deberes son obligaciones para un tipo muy concreto de fines: los derechos.
- ¿Los derechos son fines?
- Los derechos son fines de la inteligencia humana, y las acciones que hay que ejecutar para sostenerlos son los deberes.  Los derechos no vienen dados por la naturaleza, por dios, por un rey bondadoso ni nada que se le parezca. Son una construcción de la inteligencia humana en acción. ¿Por qué tienes que cumplir entonces con tu deber?
- Porque el cumplimiento del deber derivado de los compromisos libres de una sociedad garantiza mis derechos, que son un proyecto de la inteligencia humana. Ser libre no es hacer lo que quiero en cada momento, como una esclava de mis impulsos, sino esclavizarme a lo que quiero y a las obligaciones que alcanzarlo conlleva. Y a veces, esto implica más que la ausencia de impedimentos. Implica el cumplimiento del deber por mi parte y por parte de los otros, como cuando compro un billete de tren.
- Como diría José Antonio Marina, debo realizar el deber porque soy el promulgador del derecho en que se funda.
- Pero yo soy muy vaga… y para ser libre hay que tener mucha voluntad por lo que veo.
- Hay que tener muchísima voluntad.
- ¿Y qué es la voluntad?
- Esto si te parece lo dejamos para otro día, porque mi idea de la voluntad, además, parte de una crítica a la teoría de la voluntad de José Antonio Marina, con quien no estoy de acuerdo en este punto.

viernes 30 de diciembre de 2011

¿Por qué se subvenciona a los sindicatos en España?



Hay un cuestionamiento, a mi entender interesado y promovido por la derecha, en cuanto a la financiación con fondos públicos de la tarea sindical. Sin embargo, intuyo que el debate se realiza en un escenario donde impera la ignorancia en cuanto al sentido de las subvenciones que reciben las organizaciones sindicales, y que tiene que ver con el modelo de negociación colectiva que existe en España. Por otro lado, desaparece del terreno el cuestionamiento a las subvenciones que recibe la patronal, la casa real, la iglesia, o los medios de comunicación, para tareas cuyos beneficios no son siempre de interés para todos.

En nuestro país el modelo de negociación colectiva es de eficacia general, es decir, los convenios colectivos se aplican al conjunto de los trabajadores que se encuentren en el ámbito negocial del mismo. Por ejemplo, un convenio para el sector de la enseñanza concertada en el ámbito de la Comunidad de Madrid, se aplicaría a todos los trabajadores de la enseñanza concertada, ya sean afiliados o no a los sindicatos firmantes. Pero no en todos los países de Europa es así. En otros países del entorno europeo la negociación colectiva es de eficacia limitada, dando cobertura únicamente a aquellos trabajadores afiliados a los sindicatos firmantes del acuerdo, y quedando fuera los no afiliados. Bajo este modelo de negociación colectiva ocurren varias cosas:

1.       Los niveles de afiliación de la población activa rozan el 70%, ya que si no estás afiliado no te cubre el convenio, lo que permite la suficiencia económica de las organizaciones sindicales a través de las cuotas que pagan sus afiliados.
2.       Al no beneficiar a todos, es lógico que la negociación colectiva en este caso no sea pagada con el dinero de todos.

En España, afiliados y no afiliados disfrutan de los beneficios de la negociación colectiva, herramienta que aleja muchísimo el salario real percibido del mínimo interprofesional que es de poco más de 640 Euros al mes, entre otras cosas. Es lógico que algo que beneficia a todos sea pagado con el dinero de todos. Por otro lado, los niveles de afiliación sindical en los países con modelos de eficacia general rara vez superan con mucho el 20%, ya que no es necesario estar afiliado para disfrutar de las conquistas sindicales, y esto hace más difícil la suficiencia económica de las organizaciones de trabajadores. El sentido de las subvenciones que reciben las organizaciones sindicales en España es precisamente el de sostener una negociación colectiva de eficacia general que entendemos más solidaria que otros modelos limitados.

Por otro lado, la cuantía de esas subvenciones, que se reparten entre un buen número de sindicatos en función del número de delegados obtenidos en las Elecciones Sindicales de cada empresa, en España es de 16 millones de Euros al año (para el total de sindicatos). En Francia, sólo los sindicatos de la función pública reciben 700 millones, y en Gran Bretaña 90 millones de Euros.

¿Qué supone pues eliminar las subvenciones a los sindicatos en España? La subida salarial media pactada en los convenios colectivos ha sido en 2011 superior al 2,5 por ciento. Esto es una desviación de beneficios empresariales hacia las rentas del trabajo muy importante, cuya cuantía supera en mucho los 16 millones de Euros de subvención. El cuestionamiento reiterado sobre la tarea sindical y sus vías de financiación busca torpedear una negociación colectiva, que con sus errores y dificultades, consigue que una parte de lo que serían beneficios para el empresario se convierta en salario para el trabajador, días de asuntos propios, vacaciones y derechos de distinto tipo. Detrás de los ataques al sindicalismo están en juego miles de millones de euros en beneficios empresariales. Por eso los trabajadores deben tener cuidado, porque cuando el dedo apunta a la Luna, el tonto mira al dedo.