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Mostrando entradas de septiembre, 2007

Ley de vida

La primera vez que Emilio Do Rego visitó a un médico, a uno de verdad y no de los que hacen oficio de su charlatanería, fue abatido con el diagnóstico de una muerte muy próxima. Era la víspera de su cuarenta y nueve cumpleaños y Adela, su esposa, supo ver enseguida un presagio cuando cayó en la cuenta de que cuarenta y nueve es el resultado de multiplicar siete por siete. Unas cuentas tan premonitorias no podían dejar indiferente a quien, a golpe de numerología, había adivinado el sexo de sus tres hijos antes de nacer. La medicina era cosa de supersticiosos. Ella confiaba en la ciencia de la oración y el ritual, para las que creía haber recopilado más pruebas de eficacia y verdad que para el saber científico. Sin embargo, convencida por sus hijos, esta vez decidió acompañar a su marido en busca de un diagnóstico en la ciudad.

Llegaron a Sarria en el coche de Santiago Arosa, hombre corpulento y de palabra esquiva, silencioso como un cadáver y frío y taciturno como un anciano. Su coche e…