domingo 20 de abril de 2008

Cuarteto de cuerda

“Sonata en Re menor”


Chelo

Coincide en lo profundo. Mientras teje
una nota o los días,
una grave expresión de sol de invierno,
se inventa, teme, pierde
su trágica verdad en el camino
que asoma a su belleza.

Palpita su esperanza
en la verde medida de su ritmo:
lento oleaje verde, espuma deshaciéndose
en playas de expresión
blancas como la cera. Grave
destino de su voz, alza sus alas.
Como la soledad, así lo expresa,
viento suave que nunca, por ser cálido o vida,
derrumba la expresión de su claridad última
de pie sobre la nota superada.


Violas

Rayan su soledad.
Abre la fina capa
sobre la pulpa, hierve
de tenues apariencias, de luz,
claridad, tiempo
que ignora su tragedia:
efímero crepúsculo,
pájaro de la nada.

Fugaz como un ahora
eterno, ¿dónde empieza
su continuo pasar?¿Dónde su brillo?
Es vida. Es realidad
radicada en la vida.
Su deber es pasar para quedarse.


Chelo

Abriga la emoción última de ser guarida y muerte
que a tanta precisión debe su estancia
y recorre el suspiro tensado por las manos, rasgado por el arco.
Su acento puro mide
la inconfundible forma de su recinto mágico:
una mera sección del mundo conocido,
la sola certidumbre del oído.


Violín

Voladora inocencia en la que nada
está dispuesto al uso
perverso, amartillado,
sino al paso continuo,
tierno, de una caricia.
Rinde su culto al alba con las gotas
de su fresco murmullo,
lágrima o paraíso.

Atiende solamente a su llamada.
Cántico de sí mismo,
alumbra en la tensión de su esqueleto
las finas expresiones de la carne:
melodía.

Se inserta la nostalgia de sus voces
(porque son múltiples los soplos
de viento decorado)
en la medida firme de sus acompañantes,
en el flirteo galante con el tiempo
como la claridad tras las persianas
punteadas, semidesnudas, con el
carácter fresco de su aroma:
melodía variada,
consumación de notas.
Escala de soñados avatares, se desviste
frente a la metafísica del ritmo.


Violas

Asómate.
A punto está la aurora
empeñada en su término
prestidigitador.
Consume sus elásticas cadenas.


Chelo

Como un vapor espeso que apelmaza y contiene
toda la humedad plástica del agua,
o una apariencia frágil disfrazada,
míralo deshacerse en el empeño de agitar sin palabras
las últimas constantes de su vida


Violas

Sin variación precisa
culmina su paseo.


Violín

Emergen sus racimos
en la consumación de su silencio
final. Áspero mundo
que abandonado ya a lo imprevisible
mastica su tragedia.

1 comentarios:

Raúl Cordero Núñez dijo...

Bueno, pues aquí dejo la última actualización del blog. Como veis, no tiene mucho que ver formalmente con lo que he venido escribiendo hasta ahora. Es, más bien, una prueba, así que agradeceré cualquier opinión, porque todavía no me siento muy cómodo con el resultado. Veo el poema como si fuea un poema mío disfrazado de otro.