Ir al contenido principal

Uso del lenguaje e igualdad de género


Hace unos días, el pleno de la Real Academia Española de la Lengua aprobaba un informe de uno de sus académicos sobre el uso del lenguaje no sexista. En dicho informe la academia concluye que el uso del lenguaje no sexista nos impediría hablar y critica las guías publicadas por universidades, movimientos sociales y sindicales con indicaciones sobre el uso del lenguaje inclusivo. No sorprende que en una institución famosa por su endogamia y su carácter conservador sus miembros puedan tener posiciones políticas también de este perfil, pero merece la pena reflexionar sobre el grado de oportunidad del posicionamiento político por parte de la institución, de  cuyos académicos, en cuanto que tales, se espera el cuidado del lenguaje, independientemente de los intereses políticos que pueda haber detrás de cada uso.

Porque el uso inclusivo del lenguaje no es una cuestión lingüística sino política. Tanto las propuestas relativas a la búsqueda de términos genéricos neutros (por ejemplo “ciudadanía” en lugar de “ciudadanos”), como las propuestas orientadas a visibilizar los dos géneros con el empleo del término en masculino y en femenino, respetan la gramática igual que los masculinos genéricos, pero tratan de ir más allá, hacia un objetivo político como la igualdad de género. Se puede estar en desacuerdo con la importancia del lenguaje en la pelea por la igualdad (yo personalmente pienso que es un elemento muy importante), pero ambas opciones lo son dentro de un debate político mientras se respete la gramática como de hecho hacen las propuestas de las guías sobre uso del lenguaje no sexista.

Por otro lado, desde un punto de vista lingüístico, una de las riquezas de cualquier idioma está ligada a su capacidad para expresar matices. Recuerdo a mi profesora de latín repetirnos una y mil veces que en castellano no existen los sinónimos perfectos, porque cada palabra describe una realidad distinta, aunque únicamente se diferencie en matices aparentemente insignificantes. El castellano contiene términos como la palabra “cosa” con los que podemos referirnos a casi cualquier realidad. Sin embargo, si quiero describir lo que veo en mi habitación, puede ser más útil utilizar la palabra “mobiliario”. No obstante, como la realidad silla y la realidad escritorio son distintas, sería más apropiado no utilizar “mobiliario” sino “silla” y “escritorio”, “estantería”, “mesa”, etc. Cualquier análisis que compare la realidad social hombre con la realidad mujer constata que no son realidades iguales, como tampoco lo son las realidades trabajador y trabajadora. En el caso de la trabajadora, lo que la realidad nos dice es que gana un 25% menos que el trabajador realizando el mismo trabajo y además se hace cargo del 80% de las personas en situación de dependencia, frente al 20% que atiende la realidad masculina. La tasa de actividad masculina supera en 14 puntos la femenina, y por efecto de la discriminación horizontal, las mujeres ocupan mayoritariamente los sectores más precarios, peor pagados o más ligados a las funciones sociales históricamente atribuidas al género femenino, fundamentalmente relacionadas con los cuidados. Y podríamos citar una larga lista de elementos diferenciadores.

Optar por “cosa” o “mobiliario” para describir la realidad de mi habitación, o por el masculino genérico “trabajador” o “ciudadano” es un empobrecimiento del lenguaje que ninguna institución encargada de su cuidado debe promover. El masculino genérico existe en castellano como existe la palabra “cosa”, pero su ausencia de matiz no nos permite afinar en la descripción de la realidad. Y la opción de utilizar los términos en masculino y femenino también existe, que no se nos olvide, y no atenta contra ninguna regla gramatical. Cuando digo trabajadores y trabajadoras uso el lenguaje con corrección, pero además nombro con dos palabras diferentes dos realidades distintas, como cuando utilizo silla y escritorio para hablar del mobiliario de mi habitación.

Comentarios

Fernando Flórez ha dicho que…
He leído con interés esta entrada y, en general, estoy de acuerdo con ella. Ahora bien, no estoy de acuerdo en el caso particular de lo que pueda aportar la utilización del género como identificador de categorías o identidades diferentes en todo contexto.

Obviamente no es lo mismo hablar de trabajadores que de trabajadoras, especialmente cuando se entra en el detalle de sus condiciones, necesidades, especificidades, etcétera. Pero el castellano no prevé la utilización del género como distintitivo salvo que, efectivamente, se quiera remarcar una diferencia. Se me ocurre la diferencia entre ventana y ventano, donde ventano sí tiene sentido al referirse a una ventana pequeña. Pero hablar de leones y leonas, por ejemplo, en el contexto de la diversidad biológica en un ecosistema, no creo que aporte ninguna riqueza, salvo el alargamiento innecesario del discurso. Es curioso que el castellano, como otros muchos idiomas, se apoye en el concepto de la economía, de tal forma que todo aquello que no aporta nada al discurso se simplifica o desaparece. Y suele ocurrir que el alargamiento innecesario del lenguaje se asocia más con actitudes ampulosas o que ocultan carencias idiomáticas con el exceso pirotécnico de vocablos absurdos o imposibles. Pienso en la sesquipedalia o verbosidad.

En mi opinión hay innumerables casos en los que el uso del género es útil y enriquece el discurso. No obstante, en otros muchos casos no aporta nada salvo el apunte a modas o tendencias ajenas al uso sensato del idioma.

No tiene sentido hablar de los y las votantes a no ser que se quiera estratificar su reparto, por ejemplo. Si se quiere indicar cuántos fumadores hay en España, no aporta nada hablar de fumadores y fumadoras a menos que, acto seguido, se identificasen las diferencias por sexo en el consumo, las enfermedades asociadas u otras consideraciones.

Creo que la igualdad de género, si a lo que se refiere es a la igualdad entre sexos, se puede asegurar no tanto con el uso vacío del idioma sino con la abundancia de matices y con la utilización adecuada y respetuosa de las diferencias, que no es lo mismo que la desigualdad.

Un saludo.

Entradas populares de este blog

La exclusión social no se elige

Muchas cosas no se eligen en la vida. En Parla se estima que una de cada cuatro familias viven en la exclusión o en riesgo de caer en ella. Más de 3.000 familias necesitan ayuda diaria para alimentarse. Soportamos la tasa de paro más grande en las ciudades de más de 50.000 habitantes de la Comunidad de Madrid, en el contexto de un modelo de ciudad sin tejido económico para absorber en el corto plazo la demanda de empleo. Este panorama, lógicamente, genera otros problemas asociados a la dificultad de acceso a una vivienda, la pérdida de la misma, o la incapacidad de asumir los gastos básicos como la luz o la calefacción. Pero ningún vecino o vecina de Parla ha elegido perder su empleo y terminar en la exclusión. No decidieron que el modelo económico de la Comunidad de Madrid se llevara por delante la industria y la economía real en favor de la especulación. No decidieron desequilibrar la ciudad hasta hacer de su presupuesto algo insostenible, ni que en la España de Rajoy tener un empl…

DEMOCRACIA, ASAMBLEARISMO Y PROCESOS DE LEGITIMACIÓN

Nuestra nación defiende la democracia y unos buenos desagües.JOHN BETJEMAN
En los Estados fallidos las personas padecen tanta violencia e injusticia como bajo los gobiernos autoritarios, y además los trenes no son puntuales.TONY JUDT
Vivimos un segundo ocaso de la democracia en Europa. El ciclo económico expansivo anterior a 2008 tenía escondida la delgadez de los cimientos éticos, ideológicos y políticos de las democracias occidentales, empeñadas como estaban en el mero crecimiento económico y en la expansión supuestamente infinita de sus mercados. Hubo recursos suficientes para enmascarar mediante el endeudamiento la dificultad real en el acceso de gran parte de la ciudadanía a los recursos más esenciales, y mientras se avanzaba como un tiro, preguntarse por la salud moral de las sociedades occidentales parecía casi un asunto de nostálgicos trasnochados. Nadie parecía reparar en que “la idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen…