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Mostrando entradas de junio, 2015

Unidad popular, la canción del verano

La canción de este verano será, sin duda, la unidad popular. La cantan en ciudades y barrios de España activistas y políticos de todas las edades, repitiendo su estribillo pegadizo y su melodía tontorrona como hicieran generaciones anteriores con "La barbacoa" de Georgie Dann. Incluso hay enamorados que la utilizan machaconamente para cortejar a sus amantes (el caso de Alberto Garzón con Pablo Iglesias es paradigmático). Y como todo fenómeno de radiofórmula, su éxito ha sido meteórico, pero su vida será, probablemente, muy corta.
La construcción de unidad popular consiste en la creación de espacios para converger y no para convencer, donde los matices que diferencian se apartan para perseguir colectivamente los objetivos que se comparten. Implica un alarde de generosidad que es incompatible con la soberbia, la arrogancia de tu propia cara en las papeletas electorales o la defensa del interés personal o de corriente. Es muy desaconsejable el sectarismo, porque segrega a parti…

Lo que PODEMOS no ha entendido en Parla

No puede ser buen vecino el que no quiere a su ciudad. Y no puede ser buen político el que no es un buen vecino. Los actos de buena vecindad, esos en los que uno se abandona a la tarea generosa de contribuir al bien común, tienen facetas múltiples. Hay muchas maneras de mejorar el entorno en que uno vive, sin grandes aspavientos ni la necesidad de actitudes heroicas. En ocasiones basta con el esfuerzo de guardar un papel en el bolsillo hasta encontrar una papelera o con respetar los límites de velocidad. La política, en cambio, exige esfuerzos más generosos. Porque además del respeto lógico a las normas de tráfico, se requiere una separación tajante entre los intereses personales o de parte y las decisiones derivadas del ejercicio de tu cargo, en un entorno en el que hay muchas tentaciones para el beneficio personal, y es ahí donde está el verdadero esfuerzo.
Para bien o para mal, las preferencias personales de un cargo público son un asunto irrelevante, porque de lo que se trata es …

La insoportable (no)levedad de Twitter

Para empezar, creo que Guillermo Zapata no incita al odio ni a la violencia desde su cuenta de twitter. Creo que decir estupideces forma parte de la gracia de las redes sociales, aunque a mí personalmente las estupideces de Zapata no me hagan ninguna gracia. Pero la estupidez no es un delito. En este caso, se trata más bien del aprovechamiento político, por parte del PP, de dos errores: las perlas de Zapata en Twitter y el altísimo listón que gente como Zapata ha contribuido a colocar, y del que ahora es víctima.
Creo, en segundo lugar, que la derecha no se lo va a poner nada fácil al gobierno de Carmena haga lo que haga, y que la izquierda, en este caso el PSOE, no debería sumarse a ninguna jauría. Después de todo, lo peor del asunto es el nivel de "frentismo" que se ha instalado en la política española, y que permite polarizar los debates de manera que cada bando puede defender hoy una cosa y mañana la contraria porque todo puede presentarse como una campaña de difama…