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¿Mujeres como las de antes?


Buscando en el baúl de los recuerdos, Pérez-Reverte se ha encontrado con Ava Gardner, Sophia Loren y Grace Kelly, entre otras, a la salida del Palace. Caminaba, según nos cuenta en este artículo (http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/156/mujeres-como-las-de-antes/) con su amigo Javier Marías divagando sobre la condición femenina, vista desde la condición masculina (como "sexo, no como género, imbéciles"), para llegar a la conclusión, y probarla más allá de toda duda, de que ya no hay mujeres como las de antes. Nótese que el autor era alumbrado desde el cascarón de huevo del Hotel Palace, ese reducto de irrealidad para "gente bien" que tanto se parece a la realidad cotidiana de la mayoría de la gente. Sin duda un buen minarete desde el que observar la realidad del siglo XXI. Al menos igual de bueno que el ejercicio de generalización sobre la condición femenina a partir de los estereotipos del cine de Hollywood de los años 50 y 60.

Yo escribo desde el Sur de Madrid, donde las actrices tienen el mismo glamour, pero las personas desayunamos en el Bar Mónica y no en el Palace. Quizás por eso, cuando pienso en las mujeres de antes no me tienta afirmar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Mi madre, mis tías y mis abuelas no pudieron acceder a estudios superiores como sí hacen hoy millones de mujeres en España. Claro que tampoco desayunaron nunca en el Palace como la Loren o la Gardner. Por eso me parece extraño, en lo relativo a la mujer, mirar hacia atrás con nostalgia, excepto que tenga uno querencia por un estatus masculino (este sí como género) que defender frente al horroroso objetivo de la igualdad entre hombres y mujeres que defiende el feminismo. Y es que tanta es la hostilidad que practica Pérez-Reverte contra el feminismo, que por arremeter a toda costa contra la igualdad termina por mezclar el Whisky de 12 años con el Daikiri (quiero suponer que en el Palace sirven Daikiris).

En primer lugar, confunde ejemplos con argumentos. Perdonadme por la obviedad, pero un ejemplo no es un argumento, es un ejemplo. Por eso, cuando el autor del citado artículo da por demostrada su teoría "medievalista" por la comparación entre Kim Novak y una rubia con tacones en la calle Mayor, sencillamente disfraza la realidad. Los ejemplos pueden apoyar una argumentación, pero nunca sustituirla.

En segundo lugar, la mujer de antes no es la mujer del cine. La mujer de antes en este país era menor de edad (legalmente) toda su vida. Dependía de su padre hasta que pasaba a depender de su marido incluso para el sencillo (aunque peligroso) trámite de abrir una cuenta en el banco o trabajar, no fuera a hacerse independiente. Confundir el cine con la realidad, o a la mujer del Palace con la condición femenina, ya sea en este siglo o en el XX, es una patochada sin sentido.

La verdad es que hoy, como decíamos antes, millones de mujeres pueden acceder a una educación que antes les estaba vetada. Ascienden, con dificultad, a puestos de dirección y al éxito profesional y académico con el que ni en los mejores sueños podían deleitarse las mujeres españolas en los años 50. Pueden no admitir la violación dentro del matrimonio. Hasta las "chonis" que tanto odia Pérez-Reverte han terminado la ESO y, cuanto menos, tienen derecho a hacer con su vida lo que decidan, incluida la visita al mercadillo para comprar un chándal y unos tacones. Faltaría más. Es una verdad que duele, pero la realidad no tiene ninguna obligación de acoplarse a las expectativas de un sesentón en el Palace, por mucho que pueda patalear éste.

Para quienes hemos aprendido a convivir con nuestros complejos, la nueva realidad de la mujer, fruto de la conquista feminista, es un elemento a defender. Queda mucho por construir, pero lo haremos, le pese a quien le pese.

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