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La “derechización” del mundo


Hemos sabido estos días que Colombia ha dicho "no" al proceso de paz en su referéndum. No puede extrañarnos a estas alturas que una consulta popular tenga un resultado conservador. Lo hemos visto en el proceso de consulta sobre el Brexit, en las elecciones generales en España o en los procesos electorales de la Europa central y del Este. Vivimos con frustración desde la izquierda un pasado reciente en el que creímos poder decir que los gobiernos estaban separados de sus sociedades, que las instituciones de la UE, por ejemplo, no representaban la voluntad real del pueblo europeo. Yo ahora tengo mis dudas. No creo que esa separación sea tal en lo ideológico: la sociedad es de derechas.

Conviene que empecemos lo antes posible a afrontar esta realidad terrible. La crisis económica y la gestión conservadora de la misma han dado lugar a una respuesta ciudadana paradójicamente más conservadora, a pesar de las secuelas sociales que generan sus políticas. Así, la insolidaridad europea y su creciente desigualdad, culminó en Gran Bretaña alimentando la insolidaridad del Brexit, una maniobra de los ultraconservadores británicos que, por cierto, traerá más desigualdad y miseria a quienes ya la padecen en Reino Unido.

Y es que la derecha ha entendido perfectamente cual es el conflicto. Con una izquierda alternativa empeñada en los elementos más formales de la regeneración democrática, los conservadores continuaron atizando el conflicto alrededor de los problemas reales de la gente. Lo han hecho de manera indigna, pero lo han hecho: conflicto inmigrante-nativo por los recursos escasos, trabajo estable- desempleo, precariedad o paro... Incluso cuando abordan la cuestión democrática lo hacen de manera conflictiva: libertad-amenaza terrorista. Pero lo que me parece realmente inverosímil es como la izquierda parece estar empeñada en desaprender de su experiencia acumulada. Ya no nos interesa el conflicto, donde siempre hemos construido las alternativas, sino divagaciones más o menos teóricas, o la corrupción y la regeneración democrática que, siendo ciertamente cuestiones importantes, no son conflictivas para el día a día de la gente. La clave de la regeneración democrática está agotada, porque la gente es capaz de preferir, incluso, opciones no democráticas si entiende que defienden mejor sus intereses.

Además, la izquierda va a tener fuertes tensiones alrededor de la tentación de moderarse, como hemos visto este fin de semana en el Comité Federal del PSOE. Si la sociedad es de derechas, ¿nos ubicamos allí? Y a mí me parece un error. Pero las alternativas tienen que salir de su carácter residual porque eso les convierte en irrelevantes, y para ello debe entrar de lleno en el conflicto ofreciendo un mundo mejor alrededor de tres ejes sencillos:

Trabajo digno y pleno empleo.
Un futuro para el planeta, alrededor de una economía medioambientalmente sostenible.
Un nuevo pacto social alrededor de la igualdad, la lucha contra la pobreza y la protección de las personas.


Estos tres elementos no dejan de ser también las piezas claves del modelo conservador: desregulación laboral, perpetuación del modelo insostenible (y de sus beneficiarios) y ruptura del pacto de los Estados del Bienestar. Por eso hay que entrar aquí sin demasiadas gilipolleces (perdonadme la expresión). Hasta hacer oscilar a las sociedades hacia la izquierda, tenemos que pasar a una ofensiva de mínimos estratégicos. Empleo, desarrollo sostenible e igualdad y lucha contra la pobreza. ¿No es posible construir un proyecto claramente situado en este conflicto? Yo creo que sí. Pero hace falta menos retórica y más barro.

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