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Mostrando entradas de abril, 2014

El pueblo que canta unido...

Em cada esquina um amigoEm cada rostro igualdadeGrândola, vila morenaTerra da fraternidade
José Alfonso, Grândolavila morena

Me niego a ceder ante el acoso de las fórmulas individualistas de canalizar la protesta social. Ni siquiera el ejercicio en masa de la individualidad, expresión posmoderna del descontento ciudadano, tiene una sombra de parecido con la reivindicación organizada. Es necesaria una recuperación de los valores del compromiso cooperativo, del reconocimiento del otro como un compañero de viaje y no como un merecedor de sospecha permanente. Necesitamos ver en cada esquina, un amigo, en cada rostro, igualdad, convertir los espacios para la construcción de alternativas en esa tierra de fraternidad que revindicaba el pueblo portugués durante su Revolución de los Claveles.
Tiene cierta dosis de poética que la señal de inicio de una revolución sea la retransmisión en una emisora de radio de una canción censurada por el régimen al que pretende derrocar. Cuando en la madrug…

Patriota por un día

No soy patriota. Tengo cosas más importantes en que ocupar el poco talento que pueda tener, y entre mis prioridades, desde luego, tienen un lugar central el mundo del trabajo, la felicidad real de las personas, los derechos humanos, y una larga lista que adelanta con mucho en importancia a los valores patrios en abstracto. Pero Esperanza Aguirre ha hecho una concreción del patriotismo, y al aterrizar en lo concreto desde los vuelos metafísicos del nacionalismo casposo, me he dado cuenta de que puede que tenga algo, o mucho, de español. Y todo, yendo por delante que soy un antitaurino convencido.
Porque con el señalamiento concreto que Aguirre hace del hecho patrio, se abre un debate interesante sobre los elementos que componen la esencia nacional. Para doña Esperanza, son las corridas de toros un elemento definidor del hecho español. En la supuesta manifestación artística de la tauromaquia, en el coraje supuesto al torero y supuesto por metonimia a todo el pueblo de España, ha encont…

Un tren hacia Macondo.

En Julio de 2003 leí, recién publicadas, las memorias de Gabriel García Márquez, esa primera parte de su vida rememorada para sus lectores a la que tituló Vivir para contarla. Fue el mes de Julio más caluroso de mi vida, no sólo por razones meteorológicas. Soportaba como podía la distancia de una persona querida y trabajaba en uno de los peores empleos que he tenido, justo cuando empezaba a despertarse en mí una conciencia de escritor que tuvo durante algún tiempo una influencia contradictoria. Leí más que nunca, pero todo se convirtió en una cuestión de contrastes: cualquier actividad laboral distinta a la del escritor se me hacía insoportable. Así pues, me convertí en un quejica para quien el mundo tramaba una confabulación injusta para no darme todo lo que yo merecía. La verdad es que no había escrito nada de valor (no sé si lo he hecho todavía), pero las horas de dedicación a la actividad laboral de teleoperador, desde luego, no facilitaban en nada que pudiera concentrarme en esc…

Café para todos... Y unas torrijas

Los discursos sobre la libertad del entorno liberal retuercen los significados hasta hacerlos irreconocibles. Son una afirmación de la individualidad que poco tiene que ver con la libertad real, que es más un término adjetivo que sustantivo. No existe la libertad en abstracto, como defiende el liberalismo, sino actuaciones o personas libres, que además tienen mucho que ver con el acceso a los recursos que permiten ejecutar dichas acciones. Se trata de un término que adjetiva la condición libre de algunas cosas. Por eso, cuando desde la trinchera ultraliberal se empeñan en una defensa en abstracto como un comodín para justificar la desigualdad, es fácil suponer que lo que en realidad esconden detrás de su retórica no es más que un argumentario para la defensa de intereses particulares. Lo vemos de manera sistemática en la defensa de la educación privada, amparada bajo el paraguas de la libertad de elección. Pero más retorcido es cuando el argumento apuntala la concertada, porque termi…

14 de Abril y mundo del trabajo

Las fechas señaladas orientan nuestra atención, nos obligan a mirar allí donde el resto del año pasamos de puntillas. Cumpleaños y aniversarios son la ocasión de recordarle a quienes nos acompañan que cuentan con nuestro afecto, lo cual no significa que el afecto se pierda en el calendario. Y del mismo modo, con las efemérides ocurre que nos sitúan frente al hecho que reivindican para que hagamos explícito nuestro reconocimiento.
Hoy es 14 de Abril, y como aniversario de la proclamación de la II República en España, conviene que la fecha nos ayude a destacar aquello por lo que los republicanos celebramos este día de primavera como una manifestación de orgullo democrático. Porque la primavera es una niña que canta versos, decía Rilke. Y en aquel Abril de 1931, la ciudadanía española escribió algunos de los mejores versos de su historia democrática.
Cuando el deterioro democrático ha transcendido a la podredumbre de algunos círculos políticos y se ha instalado como un soniquete molesto…

Democracia y mundo del trabajo I

Para ser demócrata hay que valer. En cierto modo, dirigir de forma autoritaria es una muestra de incapacidad personal. Por eso, cuando en el ámbito de la política se ataca al marco democrátco para la defensa de los intereses de parte, en realidad se demuestra la carencia de recursos propios para una dirección democrática de la toma de decisiones. Pero además, incluso si quien lo hace lo defiende desde posiciones de clase ligadas al mundo del trabajo, en realidad está asestándole un golpe a los trabajadores, y quiero explicar por qué.
Durante el año 2013 hemos conmemorado el cuarenta aniversario del proceso 1001 contra la dirección de CCOO, que más allá del orgullo personal de militancia, tiene para mí un valor simbólico que trasciende a la propia organización sindical. Representa la muestra, una de tantas, de cómo fue el mundo del trabajo quien peleó por la democracia en España. Una pelea a la que luego se sumaron, desde papeles privilegiados por el propio régimen, figuras como Suare…

Hay que entender a Aguirre

Aguirre está confusa, hay que entenderla. A una derecha que no ha condenado los crímenes del franquismo, atrapada en una contabilidad B y una posible trama de financiación ilegal, que desmantela el estado social y la democracia sin rendimiento de cuentas alguno, no es de extrañar que le invada una poderosa sensación de inmunidad. ¿Qué puede significar en comparación con la Gürtel aparcar en el carril bus de la Gran Vía? Hay que entender a Aguirre. Está atrapada en la paranoia que ha creado su propio sistema.
Vivimos en una realidad deformada como el reflejo de los espejos del Callejón del Gato. Y mientras se relativizan los efectos reales de la crisis amparándose en los brotes verdes macroeconómicos, la cruda realidad para la mayoría sigue siendo miserable. La derecha ha creado lo que en el mundo del ilusionismo llaman doble realidad. La ciudadanía vemos el efecto, pero no la trampa. Aguirre, sin embargo, acostumbrada a ver la trampa ha terminado confundiendo la vida real con un e…